El papel del cuidador o cuidadora en personas dependientes

Los cuidadores son las personas o instituciones que se ocupan de las personas con, normalmente, algún tipo de dependencia. Por lo tanto, en ellos se incluyen tanto padres, madres, hijos/as, familiares, personal contratado para ello o voluntarios.

Así, podríamos decir que hay dos tipos de cuidadores: el familiar y el profesional. El primer tipo es el más común. Se trata de la persona que se hace cargo cuando aparece la situación de dependencia. No suelen tener una formación específica, por lo que van aprendiendo sobre la marcha. El segundo tipo son cuidadores profesionales que han recibido una formación específica para ejercer este rol como profesión. Pueden ser parte del personal de una residencia o estar contratados por la propia familia. En este último caso, suelen ir unas horas a la residencia o casa de la persona dependiente para realizar las tareas de ayuda.

Todos ellos suponen un colectivo cada vez más numeroso que llevan a cabo una tarea muy necesaria que, sin embargo, es poco visible y reconocida socialmente.

El cuidado será más o menos extendido en el tiempo según la persona y sus circunstancias. Lo que está claro es que ante esta situación hay que reorganizar la vida familiar para adaptarse a la nueva realidad, da igual si es por la llegada de un nuevo miembro a la familia o porque la abuela ya no tiene la movilidad que solía tener, por un problema de salud o discapacidad temporal o prolongada.

¿Cuál es el papel de los cuidadores de personas dependientes?

El nivel y el tipo de asistencia necesaria para el cuidado de una persona dependiente va directamente relacionada con las características y grado de dependencia de la persona, así como la manera en la que esta afronta su dependencia, los recursos económicos con los que cuenta, la adaptación del entorno, la aceptación de su entorno social…etc. Por eso, las diferentes ayudas que un cuidador o cuidadora puede ofrecer se agrupan en los siguientes bloques:

  • Ayudas en la vida diaria

Este tipo de ayudas, suponen una implicación muy alta por parte del cuidador, además de contacto directo en la atención física de la persona dependiente, ya que consisten en asistencia para tareas cotidianas como pueden ser vestirse, comer, asearse, control de esfínteres, integración y relación con el resto de la sociedad, ratos de juego, ocio y tiempo libre, y el uso y disfrute de los recursos que ofrece la sociedad. 

  • Ayudas instrumentales
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Son las ayudas que ofrece el cuidador para que la persona dependiente se relacione mejor con el entorno en el que vive. Por ejemplo, esta asistencia consiste en tareas como limpiar, planchar, hacer la compra, utilizar los electrodomésticos, llevar a cabo pequeñas reparaciones en el hogar, controlar el dinero y los bienes, controlar la ingesta de medicamentos, manipular objetos y utensilios,etc.

  • Ayudas de acompañamiento

Son ayudas que facilitan los cuidadores al acompañar a las personas dependientes para salir del hogar, realizar visitas a familiares o amigos, dar excursiones, acudir a reuniones o citas, ir al médico, desplazarse a los lugares para llevar a cabo sus aficiones, etc. Cuando las personas dependientes son niños, el acompañamiento suele ser para acudir a las citas con el pediatra, ir a la guardería o la escuela, ir al parque, asistir a cumpleaños, excursiones u otro tipo de actividades extraescolares, etc.

¿Quién cuida a los cuidadores?

El cuidado de un familiar dependiente es, por lo general, una experiencia extendida en el tiempo que exige reorganizar la vida familiar, laboral y social de muchos hogares, siempre en función de las tareas que implica el cuidado. Tanto si hablamos de cuidadores familiares o profesionales, el nivel de exigencia suele ser alto. 

Es importante saber que hay factores, por parte del cuidador o cuidadora, que van a afectar a la calidad del cuidado de la persona dependientes, pero también a sí mismos. ¿Quién cuida a los cuidadores? En este sentido, es fundamental proteger el estado de salud física y mental del cuidador o cuidadora: no solo para cuidar de los demás, sino también de ellos mismos.

Las personas con el rol de cuidador están expuestas a un nivel de presión y esfuerzo que a veces no está nada valorado en la sociedad en la que nos encontramos. Esta exigencia, implicación e incomprensión social pueden afectar directamente tanto en su salud como en su entorno.

La impotencia y la frustración pueden ser sentimientos frecuentes en las personas con rol de cuidador, ya que dado la dedicación y la entrega no siempre trae respuestas de mejora o agradecimiento/reconocimiento, lo que lo convierte en una tarea tóxica si no se gestiona de la manera adecuada.

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Nunca olvidemos la repercusión que puede llegar a tener para la persona que decide cambiar su vida por el cuidado familiar. Y es que no es nada raro encontrar casos en los que se abandona el puesto de trabajo, y con ello una carrera profesional deseada, para dedicarse al cuidado del familiar dependiente.

Las complicaciones económicas, los cambios emocionales, la falta de tiempo para ellos mismos, la reducción o desaparición de los momentos de ocio, y un largo etcétera son algunos aspectos a tener en cuenta si lo que queremos es cuidar tanto de nosotros como cuidadores, como de nuestro familiar o paciente dependiente.

¿Qué puedes hacer como cuidador o cuidadora para cuidarte? 

A continuación detallamos algunos consejos para evitar que los cuidadores vean afectada su estabilidad emocional o su salud física:

  • No dejar de lado los momentos de ocio.
  • Seguir teniendo relación con amigos y familia.
  • Pedir ayuda siempre que sea necesario. Para ellos puedes indagar sobre recursos que  sirvan de apoyo en la comunidad, y por supuesto apoyarte en la familia y los amigos.
  • No desaparecer del propio entorno: no te aisles, tu entorno también quiere saber de ti.
  • Medir las fuerzas y saber hasta dónde podemos dar.
  • Colocar límites.
  • Organizar nuestro tiempo priorizando la atención al familiar o paciente, pero nunca olvidarnos de nosotros mismos.
  • Practicar la asertividad. Saber decir “no” es esencial para funcionar de manera óptima con nosotros y nuestro entorno.

Cuando tienes el rol de cuidador, es importante mantenerse alerta a señales específicas que nos indican que algo no va bien, ya que estas te avisan de hay que cambiar de estrategia antes que la situación acabe con nuestro estado de ánimo o perjudique a nuestra salud.

De modo que, ante el aislamiento, cambios repentinos de humor, agotamiento permanente, pérdida de apetito, falta de concentración, tristeza, culpabilidad, etc, pongámonos manos a la obra y analicemos qué es lo que estamos haciendo y qué podemos cambiar para mejorar la situación.

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